El Yeti o abominable hombre de las nieves es un ser legendario de la mitología del Tibet y de Nepal. Es considerado un críptido en la Criptozoología e interpretado como un simio gigante emparentado con el Pie Grande norteamericano. Ante la ausencia total de pruebas, sólo se cuentan con relatos que lo describen como un simio gigante bípedo que se cree está localizado en las zonas boscosas de la cordillera del Himalaya. En el Tíbet recibe el nombre de metoh kangmi.
Quienes juran que lo han visto lo describen caminando ligeramente inclinado hacia delante, tener todo el cuerpo cubierto de pelo lacio y fuerte, salvo la cara, de piel blanca o rojiza; el pelaje más corto en el pecho y por debajo de las rodillas. La cabeza ovalada y puntiaguda, adornada con una cresta de pelo. Tiene la frente pronunciada, los ojos hundidos y las mandíbulas muy fuertes. El cuello y la espalda son anchos y musculosos. Los brazos llegan hasta las rodillas y las piernas son fuertes y arqueadas. Los pies, anchos, están cubiertos de pelo. Desprende un olor característico, fuerte y nauseabundo. Tiene costumbres nocturnas y rehuye al hombre. Su aullido se parece al graznido de la gaviota.
Los diferentes testimonios sobre su existencia hablan de un ser huidizo de más de dos metros de altura, completamente cubierto de pelo y que tiene la capacidad de silbar.
Se han publicado noticias de supuestos ataques a tibetanos e incluso existen moldes en escayola de pisadas que se le atribuyen supuestamente a sus enormes pies; así mismo se han encontrado supuestos restos de pelaje que posteriormente han demostrado ser de mamíferos herbívoros.

Quienes avalan su existencia lo consideran un pariente lejano del orangután y descendiente del Ramapithecus que habitó en esta cordillera hace millones de años; y que por las características que presentaría el Yeti, posiblemente esté emparentado con el Pie Grande y el Wendigo. Incluso otras investigaciones relacionan al Yeti con los osos. Sin embargo, no existen pruebas concluyentes de la existencia de este primate.
En algunos monasterios de Nepal se conservan restos supuestamente pertenecientes al Yeti, pero que posteriormente se ha demostrado pertenecen a un tipo de cabra local. Por otra parte es muy dudosa la existencia de simios de semejante tamaño.
Según otros autores, como el paleontólogo Juan Luís Arsuaga, los primates en general y los simios en particular sólo viven en lugares donde existen frutas todo el año, es decir, en las zonas tropicales. Además no hay primates en las estepas, ni en los pinares mediterráneos, ni en los bosques de coníferas.
Famosa es la foto de Anthony Wooldridge que hallándose en una misión en el Himalaya, localizó unas pisadas bastante extrañas. Acompañado de un compañero y su cámara se pusieron a seguir esas pisadas a ver donde les llevaba. Wooldridge había oído las leyendas sobre el Yeti, le atraía el tema, pero nunca llegó a pensar que lo vería tan de cerca. Tras unos minutos de camino, y justo antes de llegar a un espeso bosque de árboles pudo ver con total claridad (y gran sorpresa), una criatura que sólo podía ser una bestia mitológica.

Un hecho que no puede pasarse por alto es que la principal fuente de información acerca del "hombre de las nieves" son los nativos de la zona: principalmente los sherpas de Nepal, pero también los lepchas de Sikkim y los habitantes del Tibet. Muy pocos occidentales han visto al Yeti cara a cara, entre ellos, uno del inglés W. Knight en Gantok, Sikkim (1905) otro del polaco Slavomir Rawicz en algún lugar cerca de Bhutan (1946) y, el más reciente, del alpinista norteamericano Craig Calonica en la cara tibetana del Everest (1998). La mayor parte de las veces, los testigos se limitan a informar sobre una silueta nocturna cuya aparición viene precedida de un agudo silbido o una figura lejana detrás de un grupo de rocas.

El talento que parece tener el Yeti para volatilizarse en el aire, ha hecho que el tema tenga mala prensa en la comunidad científica. Entre los expertos, la posibilidad de que los osos pardos estén detrás de la leyenda ha recibido más atención que ninguna otra, hasta el punto de que estos animales han servido frecuentemente como comodín para explicar todas las historias sobre "hombres-mono" que zoólogos, folkloristas, alpinistas y militares han recopilado en los últimos 100 años.
En los años 40, el alemán Heinrich Harrer, otra estrella del alpinismo cuyas aventuras han sido recientemente llevadas al cine ("7 años en el Tibet"), aprovechó su dilatada estancia en la zona para hacer indagaciones por su cuenta. Harrer, residente de Lhasa antes de la invasión china, donde permaneció como huésped del Dalai-Lama, cuenta en sus memorias que al mostrar a la gente fotos de osos con el pelaje claro, solía toparse con la siguiente respuesta:"Sí, ese es el Dremo".
Chemo, Chemong, Dremo o Dred mo, servirían para denominar a un extraño plantígrado que "lleva a sus crías sobre la espalda" y, lo más sorprendente de todo, capaz de " silbar " y de desplazarse sobre dos piernas con total naturalidad: "como un cruce entre un hombre y un oso", según los nativos.
2:44 on Junio 7th, 2008
¿Silbido? ¿O resoplido, bufido, siseo? Los osos pardos suelen hacer este ruido cuando se sienten molestos.
19:28 on Febrero 25th, 2009
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22:26 on Abril 27th, 2009
podrian ir hay en sector donde lo encontraron y buscar mas sobre el yeti con un equipo de tegnologia avansada