Esta historia está basada en un suceso real que me contó un amigo, Hugo. Siempre me impresionó esta historia por el misterioso desenlace. No es una leyenda urbana. Este relato fue realizado por Sonia y por mi.

La tarde se presentaba calurosa y rutinaria para Martín. Las horas transcurrían lenta y tortuosa en su aburrida oficina, hasta que por fin dieron las 6 de la tarde, momento en que su jornada laboral llegaba a su fin. 

Camino a su casa, se encontró con un viejo amigo en el que quedaron de acuerdo en ir a tomar un café. Charlaron de todo un poco mientras Martín miraba impaciente su reloj. Estuvieron hasta las ocho, se despidieron amigablemente quedando de acuerdo en que se iban a poner en contacto para concretar en ir un fin de semana de pesca. Martín llego a su hogar como tantas veces. Saludo a su esposa y a sus hijos pequeños que jugaban apaciblemente. Susana preparo una cena especial, ya que era el aniversario de boda. Hacia 10 años que estaban casados.  Todo transcurrió como ella lo había planificado.

Cenaron felizmente. Después de la cena, como era costumbre, se reunieron en el living y con mucha devoción, Martín dirigió el rezo de la noche, como lo hacia desde que formaron con Susana dicho hogar; él era fiel creyente, devoto de su fe. Acostó a sus hijos, les dio el beso de buenas noches y después se dirigió a su cuarto como era su costumbre. Charlaron él y ella sobre lo que había acontecido ese día finalmente amorosamente Martín le beso la frente y le dijo – Buenas noches, cariño-.

El reloj marcaba las 3 y media de la madrugada, cuando Susana después de tener unos sueños inquietantes, despertó. Martín no estaba a su lado. Intrigada de donde podría estar su esposo, se levanto. Fue hasta la cocina como si una fuerza la condujera hasta allí. Se encontró con la puerta que da acceso al jardín de su casa abierta. Armándose de valor, salio llamando a su esposo, entre el miedo y la intriga.  Sin saber porque, Susana se fue acercando hasta el árbol que estaba casi al final del jardín y de repente lo que vio le hizo lanzar un horroroso grito. Martín estaba ahorcado en dicho árbol, con una nota adosada en su pijama que decía: ¡Cariño, lo siento!. Nadie supo dar una explicación sobre el porque Martín había tomado dicha determinación. Solo él y nadie mas que él tenia la respuesta.

Foto de: Батура Александр

Post to Twitter Tweet This Post Post to Plurk Plurk This Post Post to Facebook Post to MySpace

date10 Ene

Leave a Reply: