Relato Corto: El Palacio




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Autores: Sonia&Marite

Por fin había conseguido algo importante en su carrera profesional, lo que  buscaba y deseaba, la restauración de un Palacio, ahora sí su nombre sería reconocido. Investigo sobre él, el Palacio fue construido en 1873, de estilo afrancesado, tan de moda en esa época. Pero la documentación encontrada daba para más, se corrían rumores vagos, supersticiones sobre el Palacio, pero todo muy difuso, “supersticiones populares” pensó él. Pero nada de eso le iba a hacer dudar de su empeño, tenía la oportunidad de su vida, el éxito, el reconocimiento.

Era su primer día, un recorrido general por el palacio, para sentir el lugar. Su rostro denotaba satisfacción, su mirada recorría cada lugar, cada rincón pues quería que todo saliera a la perfección. Era puntilloso en su forma de trabajar, haciendo fotos, tomando notas, no quería que nada se le pasase, que ningún detalle se le escapase.
 
Regresó a su casa, repleto de ideas. Se sentía pleno, empezó a bosquejar, rehaciendo y deshaciendo, anotaciones, bocetos… hasta que notó el cansancio, era ya muy tarde, decidió irse a dormir.

Al día siguiente regresó al Palacio, un segundo recorrido para apuntillar sus ideas. Empezó de nuevo a recorrerlo, despacio, anotaciones en mano, penetrando en estancias nuevas. Llegó a la habitación de la Marquesa, decoración barroca, muy cargada pensó él, pero al instante, se sintió agotado, como una pesadumbre en su cuerpo que poco a poco le iba  invadiendo también en su cabeza. Empezó a sentirse mareado, respiraba con dificultad, -“Señor ¿se siente bien?”- le pregunto su ayudante, –“no se lo que me pasa!”– contesto el arquitecto confundido –“necesito salir a tomar el aire!”-.

Salió afuera, apresurado, su camisa estaba empapada de sudor, se encontraba en el jardín del Palacio, empezó a tomar aire, respiraba profundamente, lo que sentía era fruto del cansancio, del estrés, pensó él. Decidió regresar a su casa, dio instrucciones a su asistente, que siguiese tomando notas y después que se las hiciese llegar a su domicilio.

Ya en su casa se sentía mejor, por lo que decidió trabajar un rato en su proyecto. Pero su mente estaba en blanco, no sabia como coordinar las maravillosas ideas que había tenido antes y lo único que se le venia a su mente era la habitación de la Marquesa. Decidió descansar, acostarse temprano y así poder continuar su trabajo a la mañana temprano, -“¡Recorriendo de nuevo el lugar y observando meticulosamente todo, volverán las ideas!”– pensó para sí.

Era ya su tercer recorrido por el palacio, su mirada inquisidora recorría cada rincón, cada lugar, cada punto. Llegó a la galería de la primera planta, faltaba luz, era oscura, rayando lo tenebroso, pensó. De repente sintió un aire frío, notó como se le helaban las manos y los pies, y de nuevo la confusión volvió a instalarse en su mente.
Al dar un par de pasos por el lugar, a su espalda, un murmullo, giró rápidamente sobre sí,  pero no vio nada, no había nadie.
-“¡Guillermo!”- gritó con cierta angustia, –“¿dónde estás?”-, su asistente desde abajo le contestó: -“aquí abajo señor, rehaciendo unas anotaciones”-
-“Sube de inmediato”– el arquitecto dijo con cierta inquietud.
-“Dígame señor, qué es lo que necesita”– contestó su asistente.
-“¿Quiénes andan por el palacio?”– preguntó malhumorado el arquitecto.
-“Nosotros y los guardas de seguridad pero están en el recibidor, ¿por qué lo pregunta?”.
-“Por nada, quería saber nada más”– contestó el arquitecto extrañado.
-“Vuelva a su trabajo, no se quede parado ahí mirándome”- dijo el arquitecto enojado.

¡Qué raro!- se dijo para él y olvidando el asunto siguió con su trabajo. Ya había terminado en la planta y decidió regresar con su ayudante, había que empezar a plasmar en los planos todas las anotaciones. Tomó las escaleras principales para bajar, ya en los últimos peldaños sintió una voz que le murmuraba –“¡vete de aquí, no te queremos!, dejarnos tranquilos”-, sobresaltado, perdiendo el equilibrio, se precipitó escaleras abajo.

Rápidamente fue socorrido por su ayudante y un guarda, -“se encuentra bien”- le preguntaron al unísono. Confundido por la situación y sin poder dar una explicación de lo ocurrido, contestó -“no sé, he perdido el equilibrio, creo…”. -“Estoy cansado, necesito aire, este lugar me sofoca”- contestó exhausto el arquitecto.

Se dirigió al jardín, la espesura de las plantas y de los árboles denotaban el abandono del lugar durante años. Caminó por la vereda, despacio, respirando profundamente, necesitaba calmarse.  Al final de la senda, se hallaba lo que en sus tiempos había sido “la casa de muñecas”. Miró por sus alrededores, extraña construcción, pensó. Se asomó por una de las ventanas, observando el interior, curiosamente no había síntomas del abandono que denotaba el resto del palacio, estaba limpio, cuidado y ahí lo vio… una niña jugaba tranquilamente en el rincón de la salita. Tal visión le hizo retroceder, apresuradamente fue en busca de los guardas. -“He visto una niña”- dijo agitado, -“No puede ser, aquí no ha entrado nadie y el palacio está deshabitado desde hace muchas décadas”- dijo el guarda extrañado. -“¡Qué le he visto ahí, en la casa de muñecas!”- dijo el arquitecto nervioso.

Fueron hasta el lugar y para sorpresa del arquitecto, la casa de muñecas se encontraba cerrada por fuera con llave, miraron por las ventanas, nadie. Dentro, sólo polvo y telarañas.

Por unos segundos el terror le invadió, pero en su mente, calculadora y fría,  ya fluían todas clases de ideas para dar una explicación lógica a lo que había visto. Decidió irse a su casa a descansar.
Al día siguiente, de nuevo en el palacio, siguió su recorrido para terminar de una buena vez sus notas, este trabajo le estaba fastidiando demasiado, quería acabar cuanto antes. La pesadumbre tanto mental como física no le abandonaba mientras seguía recorriendo las estancias, “pero tengo que acabar¡¡¡”- pensó.

Por fin la última estancia, el Salón Chino, ahí la falta de aire, la sensación de ahogo y de angustia era más intensa. Acabó¡¡¡¡ ahora ya podría trabajar tranquilamente desde su estudio.

Bajó al jardín, el aire fresco le sentaba bien, se encontraba mucho mejor, satisfecho. Caminó, ensimismado en sus pensamientos, de nuevo sin querer, se hallaba  frente a la casa de muñecas. Recordando la visión del día anterior y convencido de que simplemente el estrés le había jugado una mala pasada, decidió volver a mirar por la ventana. Pero esta vez no vio a la niña… un ser terrorífico y aterrador le miraba mientras le sonreía, y de sus labios pudo leer –“Vete de aquí! la niña es mía”-

Horrorizado, con los ojos nublados, salió corriendo, quería gritar pero de su garganta no salía sonido alguno, se precipitó a la calle, el tránsito de coches a esa hora era intenso, hora punta. Cegado y perturbado no le vio venir, sólo el chirriar de unas ruedas y después, un golpe seco, un golpe mortal.

El palacio sigue actualmente sin ser restaurado.

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                                           Verdad o Leyendas

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Comments

  1. flor says:

    estubo bueno..lastima q fue corto!! je :)

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